pero el alma seguirá viva entre letras y estrellas,
y se notará el frío de la ausencia.
Pero el calor que va por dentro
nunca perderá su esencia,
letras y poemas engarzados
desde un alma a otra alma.
Se sienten cercanas y se alientan,
porque no todo se puede ver,
ni oír, ni sentir, ni escuchar, ni oler,
ni se puede saber de forma alguna.
Hay algo que sólo algunas almas notarán
cuando llegue la noche de la partida
y las oscuras luces del día
se iluminen sin soles ni lunas.
Las letras se esparcirán
sin escribirlas ni volcarlas en tinta.
Cuando llegue la mañana
de nuestra nueva vida,
llegaremos cargados
de todo un tesoro de vidas,
o vacíos de ellas.
Sólo de nosotros dependerá
que nuestro baúl lleve dentro
luz y calor y no frío y ausencia,
sólo de nosotros dependerá
que el final de la vida sea el reinicio
de la vida eterna o simplemente
de nuestra vuelta a ella,
la que dejamos atrás al volver la vista
y cerrar las puertas de la vida.
Del cielo vimos su estrella y su luna,
y supimos que nos esperaba un sitio,
un lugar, pero que nuestro transito
concluiría pronto y de nosotros dependería
que todo fuera luego realidad
y no simple espejismo de vida nómada,
de vida material y vestida de vida
sin amor y sin sentido.
Cuando todo acabe comenzará
la verdadera aventura,
la que nos depara para siempre
el final de esta vida,
ese final que lleva su designio
impreso en nuestra conciencia,
en nuestra inconclusa muerte,
porque de vida tenemos lo que nacemos
y de muerte tenemos lo que hacemos,
de vida tendremos lo que amemos
y de muerte lo que odiemos,
de vida tendremos lo que sentimos de bueno
y de muerte lo hacemos sufrir de malo.
En nuestros bolsillos del alma serán nuestra llave
y en la muerte los bolsillos de nuestras prendas
serán más un lastre que nos alejará, que otra cosa,
nos alejará del carro alada y de fuego
con el que las almas sueñan dormidas
pero sedientas de vida.
Nos empujará a ver lo quede verdad queda
y nuestra ceguera no debería impedir
que nos diéramos en el sentimiento,
que lo palpáramos como el viento,
como el aire que refresca nuestra garganta
cuando entra y nos alimenta,
como el sueño que repara nuestra consciencia,
cuando nos aleja de nuestras torpezas
como el ansia del perdón prendido
con el que dependemos para poder ser vivos,
sobrevenir a la trasgresión que posiblemente alguna vez
hayamos incurrido en nuestra azarosa y efímera existencia.
Por todo ello la luz nos habla
de lo que de verdad queda,
de lo que de verdad hay,
venimos solos, marchamos solos,
encontramos solos nuestras luces amadas,
pero seguiremos solos hasta el día
que la luz amada nos tienda su morada,
esa que nos devolverá el lugar de nuestra vida ansiada,
ese que sólo los más pobres de lo mundano,
verán con sus propias almas
y elevaran sus plegarias para que sean escusadas
y no devueltas al cenagal donde las almas no avanzan.
Tengamos pues ese día como meta,
cuando llegue que no nos coja dormidos,
que no nos agarre desprevenidos,
que no nos asuste la ausencia,
porque será ausencia de plenitud,
de amor, de luz,
todo se llenará de universo
y todos sabrán que de alguna manera
todo acaba, pero todo llega y sigue
como cuando comenzó la existencia,
nuestra vida,
la que se nos dio al nacer
y que de donde venimos
allí volvemos,
tan sencillo es,
que cuesta creer que haya almas
que no lo quieran saber,
así al menos lo siento yo.
El amor nos llevará de la mano,
sólo tenemos que leer nuestro corazón
y mostrarlo tal cual es,
nosllevará de la mano él mismo
para mostrarnos el camino que nos trajo aquí,
que nos nació y que nos cercó a esta vida.
Ahora es mañana,
y ayer será mañana,
el nuevo nacer será la puerta
de nuestra salida,
de nuestra nueva vida.
domingo, 5 de julio de 2009
(foto Carver)
Quiero escuchar tu silencio, quiero escucharte en silencio, quiero escucharte en Tú silencio, quiero escucharte hasta dentro, hasta que me prendas por dentro, hasta prenderme de Tú fuego.
Quiero escuchar en tu silencio, quiero esconderme por dentro, serte dentro, hablarte en ti en mí, para que seas Tú quien me habite por dentro.
Quisiera tenerte por dentro, donde te escucho en el sigilo, donde las lumbres de Tú luz me alumbren de incienso