sábado, 18 de abril de 2020

Ora (no solo es poesía)



Llegaron noticias de

ciudades enlutadas,

calles desiertas,

rostros encapotados,

lagrimas por los mas necesitados.




La tierra está de luto,

las puertas cerradas,

las calles silenciadas,

el aire no respira,

mientras las gentes

apenas escuchan sus pasos.




Todo está conmocionado,

desfallecen con lágrimas

las caras quebradas

y las manos atadas.




Cuándo se abrirá la iglesia,

donde yo oraba…,

la oración siempre es eterna.




Haz pues que tu luz sea plena,

si muere el cuerpo

que el alma sea eterna,

ora por ella.




La tierra está desamparada,

tan solo creen los elegidos,

los únicos que oran,

será por ellos

que quizás, SDQ, los días terribles

serán acortados

y las noches no serán tan largas.







Si todos lo pedimos

con el amor del alma,

con la oración consciente,

con la voluntad hecha palabra,

con el voto y las

las plegarias necesarias,

el mundo sanará,

pues tan solo el Redentor

puede ayudarnos a sanar el mundo

que nos amamanta.




No sirven las palabras vanas,

tan solo la ofrenda de las gentes,

de las ciudades,

de la ciudad Santa.







Da tus riquezas a los pobres,

da alimento y casa a los mas necesitados,

ayuda al labriego, al pastor,

cubre la tierra de arboles,

limpia los ríos, el mar y el aire,

siembra de flores de colores las terrazas,

los balcones, las ventanas,

y los parques se llenen de nidos

para que las aves renazcan.




Da tu abrazo a los que lo dan todo,

renueva tu oración cada mañana,

cada día, cada hora, cada noche,

en cada instante de tu vida,

que el Señor escuche nuestras plegarias.




En todos los momentos

en que nace el día

dale las gracias,

pide perdón de tus faltas,

en cada camino que recorras

entona el padrenuestro,

en cada rincón donde habites

medita y reza con y sin palabras.




La verdad tan solo vendrá de Aquel

a quien todos debemos el pan de cada día,

el pan que da la vida,

el agua que todo lo sacia,

la fuente que nunca se acaba,

la fe que ilumina cada instante,

y sin la que no puede pasar

ni el cuerpo y ni el alma.




Ora,

ahora que todavía hay tiempo,

mientras el sol nace cada día

y alumbra de nuevo nuestras ventanas,

con el calor anaranjado

de la esperanza.